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Autor: Rogelio Villarreal

Editorial: Almadia

Hay una clave para entender libros así: no se trata del contenido en sí, sino de quien lo escribe. Podríamos decir que se tratan de libros que son meramente de autor en cuanto a que la popularidad del mismo lo precede. Basta con ver la portada. No nos ofrecen un diseño que tenga relación con el contenido del libro, una fotografía, etc., nos ofrecen la sombra del rostro del autor envuelta en un halo de misterio, así como de novela policíaca donde de entrada ya sabemos que nuestra misión es dar con un asesino serial cuya única clave queda en unos lentes blancos.

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Y si nos atenemos al título, ¿Qué hace usted en un libro como éste? (Almadía 2015), algo no nos queda tan claro, tanta es la contradicción que se nos plantea como lectores desde el inicio. Pero, ¡vamos!, es parte del juego y de la propuesta de un autor hecho y derecho como lo es Rogelio Villarreal, de quien de entrada tantos y tantos jóvenes, entre los que me incluyo (aunque ya no tan joven), le hemos aprendido, ya sea en sus críticas siempre atinadas y objetivas a alguno de los textos que publica en la revista Replicante, de la cual es el editor, ya sea en sus consejos que brinda desde la sabiduría que le dejan los tantos años de periodismo, ya en cada una de sus tantas polémicas en las que se mueve como pez en el agua en su cuenta de Facebook, donde, por cierto, es un placer leerle o leer la información que ahí comparte, porque si algo podemos decir con seguridad de Rogelio Villarreal es que sabe manejar una red social tan importante que no sólo comparte información a lo idiota, ejercicio común en un medio así, sino que se toma su tiempo para contestar y, sobre todo, para llevar al ring cualquier debate con convicciones hechas de concreto.

Crónicas ultrajantes. A mí el adjetivo me brincó desde un inicio y me di a la tarea de buscar el significado en el diccionario, tal es el tamaño de mi ignorancia. Atajar o injuriar. Despreciar o tratar con desvío a alguien. En El Salvador y en Venezuela, tener acceso carnal con alguien en contra de su voluntad. Ninguna de estas acepciones se cumple a pie juntillas en el libro, por lo que en mi opinión personal lo veo con la perspectiva de un recurso meramente comercial.

De ser posible, cuando tengan ustedes el libro en sus manos, háganse un favor y salten el prólogo de Eduardo Huchín Sosa. Es condescendiente, al borde del compadrazgo o la fanáticada, y lo que es peor: nos cuenta de qué van algunas de las crónicas, lo cual en cierta forma resta la sorpresa que como lectores debemos encontrar en un libro así. Si ustedes son admiradores de Eduardo, la sugerencia es que lean el prólogo al final.

En cuanto a la escritura, nada se le puede juzgar a Rogelio Villrreal, tiene la mano suelta, sabe bien de lo que habla y, como bien señala la contraportada, “ha opuesto al periodismo activista otro que busca antes que nada la congruencia con el oficio”.

Respecto a las 15 crónicas que nos presenta en ¿Qué hace usted en un libro como éste?, he de opinar que en cierta medida me parecen desproporcionadas en cuanto a la temática y la intensidad. Ignoro cómo fue el proceso de edición del libro, si algunas crónicas se quedaron fuera, si Rogelio se dio a la tarea de escogerlas detenidamente, pero en general el libro presenta irregularidades en cuanto a la fuerza de un género tan contundente, y con una muy bien cimentada tradición en el panorama literario mexicano, como lo es la crónica, de tal manera que damos con textos que son una verdadera proeza periodística, como por ejemplo “El otro lado, notas sobre el nuevo Los Ángeles, la Ciudad de México y más allá”, “Buenos Aires en dos tiempos”, “Espacio escultorico” (de mis favoritas), “Crónica de la reconquista de la capital de Aztlán”, como con textos que a mi juicio pasan por ser meras postales familiares y costumbristas del siglo XIX, cercanas más al trabajo menor de Gutiérrez Nájera que a lo de Ignacio Manuel Altamirano, cuya intensidad rayaría en la cursilería de no ser porque son de las crónicas más breves, hecho que en su totalidad salva al libro. “Últimas noticias de mi padre”, “Monterrey 1”, “El viaje por la patria” son ejemplos de lo que me refiero.

Hay que aclarar: de ninguna manera se tratan de crónicas malas, que no lo son en cuanto a que cumplen con las exigencias de un género literario tan difícil y tan olvidado en nuestros días, sino que al menos a mi como lector no consiguen convencerme del por qué están en un libro cuya característica principal es que va de crónicas mayores a crónicas menores que terminan por ser meras estampas del álbum familiar de las tantas nostalgias de Rogelio Villarreal, hasta el grado de dar cebollazo y citar a su hermano.

Uno que otro pleito de esos que siempre es bueno enterarse (porque son como los chismes en la mesa de Paty Chapoy en cuanto a que en ocasiones alcanzan el tono de lo personal), y a los cuales un autor como Rogelio Villarreal está acostumbrado, sin embargo, cabe aclarar que hay algunos que me parecen forzados, por ejemplo el que señala de Témoris Grecko como “la inmodesta presentación que hace de sí mismo en el sitio ‘Cuadernos de doble raya'”, y luego de que nos advierte que dicha presentación “hace palidecer a James Bond y a Indiana Jones” nos proporciona el impresionante currículum de Grecko y punto… hasta ahí quedó el amarre, Paty Chapoy manda a comerciales. Quizás aquí sí cabría lo de ultrajante. A mí por lo menos me habría gustado leer una buena crítica, porque Rogelio se las sabe, al trabajo de Témoris, algo que objetivamente demeritara su trabajo periodístico más allá de compararlo con personajes cinematográficos.

Hacen falta libros como éste en el panorama de la literatura mexicana actual donde abundan los payasos que para fortuna nuestra hemos perdido. Libros escritos con furia y honestidad. Objetivos y para nada pretenciosos. Rogelio Villarreal es ejemplo de congruencia, y eso es algo que se debe valorar en el periodismo mexicano.

Óscar Garduño Nájera
Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.
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