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Autor: Naief Yehya

Editorial; Tusquets

Las imágenes en movimiento se están convirtiendo en parte vital de nuestra existencia (los vine, vídeos en Facebook, Twitter, gifs) por la facilidad con que se transmiten y van de un lugar a otro a través de nuestras computadoras y dispositivos móviles.

Hay quienes ven en esto el fin de la palabra escrita; algunos otros, el final de nuestras interacciones sociales. Estas imágenes pueden contener chistes, caídas involuntarias, errores de conductores televisivos, niños espontáneos, mascotas atrevidas, mujeres desnudas y una exhibición de la violencia al alcance de cualquiera.

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Naief Yehya explora los caminos oscuros de la web y cómo llegamos a estos tiempos. Desde el cine pornográfico que se exhibía clandestinamente en los inicios del cinematógrafo, pasando por el cine de explotación más violento hasta el torture porn y sus derivados. Así mismo hace una investigación minuciosa acerca del cine snuff, y los vídeos más violentos que se consumen en la red: desde las manifestaciones más brutales del sadomasoquismo hasta los asesinatos explícitos de los yihadistas y todo su discurso ideológico. No deja de lado los narco-videos y sus exponentes en sitios sensacionalistas.

A través de las manifestaciones más perversas de la web, Naief Yehya se pregunta por los límites de la libertad de expresión, por nuestra obsesión con las imágenes, la violencia y el espectáculo. En algún momento pregunta “¿Somos una sociedad tan obsesionada con el entretenimiento que hemos hecho de la muerte un espectáculo?”

Este tipo de imágenes, nos dice el autor, funcionan con los mismos mecanismos que la pornografía, y buscan provocar en el espectador reacciones similares (manifestaciones fisiológicas, adrenalina por lo prohibido, entre otras). De ahí el nombre del título.

Las descripciones de las terroríficas imágenes que ha visto Naief Yheya, no son menos brutales que si las hubiéramos visto nosotros mismos. Pero a la vez agradecemos que el autor haya hecho el trabajo por nosotros, pues a diferencia de él, no tendremos dichas atrocidades grabadas por siempre en nuestra mente. Su prosa precisa y ágil contrasta todo el tiempo con lo escalofriante de lo narrado.

No hay lecciones moralistas aquí ni consejos para cuidar a los niños de los horrores de la web. Hay una voluntad por explicar estos nuevos fenómenos que estamos viviendo, y por entender hacia donde nos están llevando, en qué nos está convirtiendo como sociedad.

Parece ser que la web nos ha facilitado la vida en casi todos los aspectos, pero también ha facilitado las manifestaciones más perversas del ser humano y las ha colocado al alcance de todos.

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