In Destacada, Reseñas

Autor: Daniela Bojórquez Vértiz.

 

Editorial: Conaculta, Tumbona ediciones.

Esto no es una pipa. Es lo que dijo René Magritte en una de sus más significativas obras. Lo escribió, precisamente, abajo de la pipa, para provocar al público, para que pensaran que Magritte era idiota, porque cómo pude alguien decir que eso no es una pipa si justo lo que se ve en la obra es una pipa. Ya sabemos cómo terminó el asunto. Algo de eso nos cuenta Foucault más tarde en un bello libro: Esto no es una pipa. Ensayo sobre Magritte (Anagrama 1981). Es bella la respuesta que da a la afirmación de Magritte. Si aquello se trata de una pipa, a ver, intente usted fumar con ella. Es un largo camino el que va del significado del objeto a su pragmática.

            Algo semejante me ocurre con los cuentos de una joven Daniela Bojórquez Vértiz (1980). Claro, guardo las distancias. Pero si algo me queda claro es que los diez textos que nos ofrece en Óptica sanguínea (Conaculta, Tumbona ediciones 2014) no son, no pueden considerarse cuentos, aunque en la cuarta de forros del libro nos lo indiquen y se tomen la licencia de asegurarnos inmediatamente que el lector encontrará una combinación de imágenes fotográficas con texto.

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Lo anterior es para fortuna de los lectores. A diferencia de muchos narradores cuya obra quedó anclada en lo tradicional de un siglo XX ya anquilosado, que no sólo los olvidó sino que les negó cualquier propuesta de cambio, muchos narradores jóvenes apuestan hoy en día por nuevos y frescos elementos narrativos, y si bien en ocasiones no funcionan, porque se nota que lo tomaron de otra parte, porque no saben disimular la memesis, hay una que otra sorpresa que bien vale la pena tener al alcance de la mano, y Óptica sanguinea lo es.

Aquí los procesos narrativos son igual de trascendentes que los procesos pictóricos. Digamos uña y mugre. No por nada nos enteramos que la autora estudió fotografía, y miren que sabe bien de lo que habla. Sin embargo, más allá de que las fotografías se relacionen directamente con los relatos, hay que agregar que éstos están bien escritos, bien equilibrados en cuanto a extensión y contenido, y bien rematados, hay una propuesta, se juega con la palabra, con lo tradicional de los personajes, con la presentación del cuento, con las distintas voces narrativas, por lo que al menos a mí este libro me dejó un muy buen sabor de boca, salvo algunas excepciones que bien se pueden pasar por alto si se toma en cuenta la edad de la autora, pues tampoco se puede mostrar uno tan severo con los jóvenes, ni reprocharles que aquello que ellos consideran original ya alguien lo hizo antes que ellos.

Óscar Garduño Nájera
Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.
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