In Destacada, Reseñas

Autores: ­MICHAEL K. SCHUESSLER. MIGUEL CAPISTRAN.

 

Editorial: temas de hoy

Lejos de ser un libro cerrado o solo apto para militantes de la diversidad sexual. “México se escribe con J” debe reconocerse como un referente histórico de lo que ha sido la aportación de los mexicanos gays a la cultura nacional.

Más allá de ser el receptáculo de burlas y vejaciones, los homosexuales en México han aportado a la cultura nacional, desde obras de arte reconocidas mundialmente, hasta frases que han servido para enriquecer el lenguaje nacional.

Los 21 ensayos que comprenden este “México se escribe con J”, revisan la aportación gay dentro de diferentes manifestaciones culturales, en varios momentos históricos. Permitiendo al lector ubicar no solo la participación del homosexual en la cultura nacional, sino también su trascendencia.

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Me gusta lo objetivo de los ensayos, un ejemplo es la forma en que Álvaro Cueva habla de la realidad de la televisión, en su relación con la llamada cultura gay:

“La televisión mexicana y la homosexualidad son incompatibles pero no porque no haya gays en la industria de la comunicación o porque no exista la intención de decir algo al respecto sino porque los jotos y las lesbianas ni cuentan ni dejan dinero. . .

. . .

Lo que sí es un hecho es que si ha existido gente que ha querido integrar el tema gay a la televisión, desde la intelectual Nancy Cárdenas cuando le declaro su lesbianismo al periodista Jacobo Zabludovsky frente a las cámaras en 1973 hasta escritores que han incluido dignos de homosexuales y lesbianas, como personajes secundarios, en telenovelas como Sin pecado concebido -2001-, Barrera de amor -2005- y Amar sin límites -2007- de El Canal de las Estrellas –este párrafo exactamente así viene escrito en el libro-.

Repasar la historia de la homosexualidad en la televisión mexicana es una experiencia más frustrante que grata porque, aunque en términos sociales se han visto avances con el paso de los años, nuestra pantalla chica parece más la pantalla chica de otro planeta que de nuestro país. Ha habido instantes de progreso, pero la tendencia siempre nos ha devuelto al pasado, al clóset.”

Lo mejor es cuando el mismo Álvaro, deja claro que tener una preferencia homosexual, no excluye al joto mexicano de su realidad nacional:

“. . . Mientras que en otras partes del mundo los gays se defienden por su capacidad económica, en nuestro país los jotos son tan pobres como cualquier mexicano.

¿Qué significa esto? Que si les ponen un canal exclusivo para ellos en el cable, no lo pueden pagar. Que si les quieren vender algún producto específicamente para ellos en algún programa, no lo pueden comprar.

Más de un sistema de televisión de paga ha querido ofrecer señales para gays como G Channel, más de un canal ha querido sacar programación para ellos y para ellas como VH1, incluso más de un infomercial ha sido diseñado para llamar la atención de homosexuales y lesbianas como “La línea gay”.

Pero nunca ha pasado nada porque nuestros jotos, a pesar de que no tienen que repartir sus sueldos con sus hijos como la mayoría de los heterosexuales, los reparten con sus padres o no les alcanza lo que ganan para casi nada, mucho menos para ejercer algún tipo de poder económico sobre la televisión”.

Los ensayos abarcan no solo la actualidad de la cultura gay, sino también, aspectos históricos.

Dentro del apartado denominado TEXTOS FUNDACIONALES, por los coordinadores del libro, Michael K. SChuessler / Miguel Capistrán, se rescatan escritos que han soportado el paso del tiempo, sirviendo de referencia para el movimiento gay. De estos documentos, me llama la atención el publicado en el suplemento “Sábado”, del periódico unomásuno, fechado en marzo de 1979 y escrito por Enrique Serna, donde el escritor presenta un dato importante sobre el origen de las palabras “loca” y “vestida”:

“Desde finales de los 70, cuando empezó a celebrarse en México la Marcha del Orgullo Gay, la iglesia católica y su principal cuerpo de elite, la Compañía de Jesús, han lanzado feroces anatemas contra los manifestantes, como si salir a la calle vestido de mujer fuera una grave ofensa al Señor. Pero un vistazo a los fastos religiosos del virreinato permite comprobar que, en materia de travestismo, los jesuitas de antaño tuvieron una posición más tolerante y alivianada. De hecho, se les puede considerar pioneros de la jotería callejera, pues ellos organizaron el primer desfile de locas celebrado en nuestra ciudad.

La crónica del histórico desfile forma parte del Festivo aparato por la canonización de San Francisco de Borja, un opúsculo publicado en 1672, donde un redactor anónimo de la Compañía describe las máscaras graves y la mascaras facetas -burlonas- que salieron a las calles para celebrar la canonización del santo jesuita. . . El jueves 11 de febrero a las tres de la tarde, cuando repicaron las campanas del colegio, los bachilleres salieron a la calle disfrazados de locas, con pelucas grotescas y toscos sayales de jerga, como los que vestían las reclusas del Hospital de Mujeres Dementes del Divino Salvador. . .

La procesión de locas causaba enorme hilaridad en el público, que les lanzaba requiebros y silbidos. Hacer escarnio de la locura femenina se consideraba, por lo visto, una travesura inocente, pues en aquella época piadosa y devota nadie compadecía a los enfermos mentales. . . Pero más que denigrar a las locas, los participantes en el desfile parecen envidiar su desparpajo, su libertad para soltarse el pelo sin temor a ninguna sanción social. . .”

El texto continua dando interesantes pormenores, dejando en claro que los denigrantes calificativos “locas” y “vestidas” eran usados originalmente -en un ambiente de fiesta litúrgica- para señalar a personajes muy diferentes -supuestamente- a los homosexuales. Con el paso del tiempo éste origen se ha olvidado. Pero las palabras siguen siendo adjetivos calificativos por demás actuales.

Como es de imaginarse, la variedad de ensayistas permite encontrar diferentes anécdotas de conocidos personajes del ambiente gay, contadas de forma acida, simpática, o simplemente riquísimamente indiscreta, permitiendo que la lectura sea entretenida, divertida y provechosa.

Participan en este libro:

Luis Zapata – HIghlights de mi vida como gay.

Michael K. Schuessler – Una macana de dos filos.

Miguel Capistrán – Un día como hoy hace más de ciento.

José Ricardo Chaves – Afeminados, hombrecitos y lagartijos.

Víctor Federico Torres – Del escarnio a la celebración.

Sergio Téllez-Pon – La fuerza oculta del otro amor.

Braulio Peralta – Soy lesbiana, soy hermosa.

Teresa del Conde – Eros se aproxima y es el maestro de Apolo.

David Torrez – Los gays en la fotografía mexicana.

Michael K. Schuessler – Vestidas, locas, mayates y machos.

Víctor Jaramillo – Breve relación del videoarte gay.

Álvaro Cueva – Tele marica.

Tareke Ortiz con Nayar Rivera – El éxtasis a una identidad del deseo.

Pavel Granados – Un grito aquí en la sangre.

Juan Carlos Bautista – La noche al margen.

Alejandro Varderi – Masculinidad y cultura gay.

Alejandro Brito – Por el derecho a todos los derechos.

Salvador Novo – Las locas y la inquisición.

José Joaquín Blanco – ojos que da pánico soñar.

Carlos Monsiváis – Diez y va un siglo.

Enrique Serna – Primer desfile de locas.

De la edición. Portada sobria, nada especial. Impresión y edición cuidada. Se enriqueció la obra con imágenes en blanco y negro, bien escogidas y con una buena calidad. Editorial Planeta, por medio del Temas De hoy entrega una valiosa obra ensayística.

México se escribe con J, es una obra de referencia sobre el movimiento gay, fácil de leer, divertida y bien conjuntada. . . Espero tengas la oportunidad de conocer un poco más de nuestro país por medio de estos ensayos. . . Se felizzzz!!!

Daniel Emilio Pacheco
Director Hojeando libros.

Colaborador de marcatextos.com, Radio Noticias 1070, C7 Jalisco, Jalisco Radio.

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