In Destacada, Reseñas

Autor: Daniel Espartaco Sánchez

Editorial: Random House

Se trata de una novela que ni siquiera tenía que haber salido al mercado, pero salió. ¿Lo peor? Que una revista como Letras Libres la anuncie con bombo y platillo y el autor lea el primer capítulo de una novela de 108 páginas me parece ridículo, aunque supongo que las campañas publicitarias de libros hacen cosas peores.

Vamos, entras a cualquier librería, hojeas la novela mientras estás en la fila, y sabes que el autor te está tomando el pelo. En eso se especializan algunos autores hoy en día: en vanagloriarse con trabajos mediocres con tal de quedar bien con el Sistema Nacional de Creadores o con las editoriales, porque muchos autores son los que firman contrato para entregar en un plazo determinado unas cuantas novelas, ignorando que el último afectado es ese lector que también se rinde a sus pies.

12076912_1228076080551410_177040829_n

Son extraños los mecanismos en esto de la escritura: uno pensaría que cuando un autor no tiene nada más que decir lo mejor es que se calle la boca y se retire a descansar sobre su popularidad, tal vez uno que otro artículo en alguna que otra revista no le caería nada mal, porque de algo tiene que vivir, aparte de las viandas del Estado, claro. Sin embargo, hay autores que reciclan a sus personajes, que no se pueden arrancar de encima la misma anécdota, que es tal la problemática psicológica que tienen con sus padres que no dejan de mencionarlos, y esto cualquier lector medianamente inteligente lo sabe. Me dirán ustedes que precisamente así es como se construye una obra literaria, si tomamos en cuenta las obsesiones temáticas del autor, y tienen razón, sólo que hasta para eso se necesita cierta agudeza de la cual carecen muchos autores mexicanos.

Para serles franco, a mí al menos me hubiera gustado leer Memorias de un hombre nuevo (Random House 2015) en un libro de cuentos, como uno más de estos, y es que a mi juicio Daniel Espartaco no es novelista, es un muy buen cuentista que hace muy malos malabares en la novela, género que le queda grande, por eso es que la mayoría de sus novelas son breves, porque como buen cuentista sabe de la brevedad y tan sólo nos queda preguntarnos quién nos toma el pelo, el autor, la editorial o ambos.

Con tantos premios y tantos elogios por una crítica “especializada” no es posible que te lances al mercado editorial con una novelita que parece armada en uno de los tantos talleres literarios de los que hoy abundan. Con Memorias de un hombre nuevo podemos llegar a una conclusión: Espartaco habla más de lo que escribe, y si sus libros se venden es porque él mismo se encarga de publicitarlos hasta el hartazgo. Recuerden: hay una gran diferencia entre una historia sencilla y una historia simplista.

Ahora bien, tampoco hay que restarle méritos, pues Daniel Espartaco tiene libros que son valiosos narrativamente hablando, pero, insisto, es en el cuento donde mejor se mueve y no en la novela. Al paso que va (quizás en picada, aunque el Estado aún no alimente unos cuantos años más) podremos esperar de él otro tanto de novelas y les puedo asegurar de antemano que la mayoría serán malas.

Sería bueno recomendarle al autor cambiar de aires y de temas, pues cuando se le lee es una enciclopedia mal hecha de los temas (la relación de pareja, la separación, un narrador en primera persona que es idiota o se hace pasar por tal, la situación de México ahí como una embarradita, historias alternas que no acaban de cuajar) que el autor en algún momento debió haber tratado con un terapeuta, con una cerveza a la mano, o con el matrimonio, pues les aseguro que su próxima novela irá por aquí. Háganse un favor y no la compren.

Óscar Garduño Nájera
Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.
Recommended Posts

Start typing and press Enter to search