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Autor: Jessie Burton

Editorial: Salamandra

La escritora Jessie Burton intenta posicionarse como una de las nuevas voces de la novela con su más reciente publicación “La casa de las miniaturas”. En ella, la autora habla de sexo, clases sociales, homosexualidad y racismo. Si bien se podrían pensar como temas triviales o bastante usados, el texto propone la visión de dichos tópicos en una comunidad europea, progresista mercantilmente, a finales del siglo XVII.

La historia ficcionada toma como personaje principal a Petronella Oortman -quien sí existió-, que a los joven 18 años de edad contrae matrimonio con uno de los más importantes mercaderes de Ámsterdam, Johannes Brandt. Como regalo de bodas, su esposo le obsequia un objeto muy de moda entre la gente acomodada de la época: una réplica de su propia casa en miniatura. Nella -nombre diminutivo de Petronella- encuentra una miniaturista al azar y las figuras que le van llegando se convertirán en una pieza clave para la nueva vida que ahora comienza casada.

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Burton muestra en la historia el papel fundamental que jugaba la religión en el siglo XVII, al menos en aquella región. Le utiliza para forjar parte de la personalidad de los protagonistas y secundarios, así como el orden social y su influencia dentro de la ley, así como el papel que el hombre y la mujer debían tomar: “Las mujeres no construyen nada, y mucho menos su destino. Todos nuestros destinos dependen de Dios, y mucho más el de una mujer, que tras pasar por las manos del marido se somete a la tortura de los partos” (pág. 91). Esta frase la piensa Nella tas recibir el primer paquete de la miniaturista. A partir de este hecho la vida y actitud de la misma cambiará.

Por otro lado, la iglesia mantiene su postura en la trama: “Hombres, amad a vuestras esposas; mujeres, sed obedientes, por todo lo sagrado y bueno. Mantened l casa limpia y vuestras almas seguirán el ejemplo” (pág. 139). Burton se vale de estos diálogos para dotar a la novela de un contexto más profundo y subjetivo, donde el pensamiento individual es una amenaza.

A la historia se suman Marín, Cornelia y Otto. La primera es hermana de Johannes, la segunda una criada y el tercero un criado de piel negra. Los últimos son tratados como parte de la familia, siendo para la época juzgable el tratar a la servidumbre como iguales e imperdonable tener en casa a una persona de color. En la casa de los Brandt, ubicada en una de las zonas donde viven los ricos, impera otra forma de vida, más cercana al pensamiento actual que rechaza la existencia de esclavos, discriminación y el fanatismo religioso queda fuera.

El lenguaje de Burton es digerible, y para aquellas palabras que refieren a alimentos del XVII, anexa al final del libro un glosario con sus respectivas definiciones, al igual que para los cargos públicos. Sin embargo, quizá por error del traductor o de la misma autora, en uno de los diálogos se emplea inadecuadamente el uso de una palabra. El obispo de la iglesia a la que asiste Nella y la familia Brandt, comienza a dar un discurso donde exhorta a los presentes a comportarse según el manato de Dios, pues una vida inadecuada propagaría un “cáncer” social, y debe erradicarse con la muerte. Es frecuente en nuestro lenguaje escuchar, o utilizar, la frase “cáncer social” para referirnos a un mal que pudiese atentar contra la convivencia, sin embargo la palabra que refiere a dicha enfermedad no fue utilizada sino hasta el siglo XVIII para referirse entonces a un grupo de enfermedades raras. Pese a ser un error pasado por alto, denota cómo la autora, en los capítulos siguientes, prefiere omitir este tipo de juicios por otros que no involucren palabras que puedan tener connotaciones diferentes.

El título del libro, “La casa de las miniaturas”, viene a explicar que la casita que recibió Nella como regalo de bodas debe jugar un papel importante en la historia. Su presencia está mal lograda, pues no está bien justificada su presencia y pareciera que Burton se quiso valer de un artefacto de la época posicionar al lector en la misma. Su intento por posicionarse como una pluma nueva no llegará más allá, al menos en este libro, como uno de las tantas novelas que apuestan por una historia con características de best seller y no como una propuesta nueva y fresca dentro de un mundo literario tan gastado en temas y falto de propuestas.

Jonatán Gallardo
Guadalajara, Jal. Licenciado en Periodismo por la Universidad de Guadalajara. Escribe crónicas y microrrelatos. Amante del cigarro y el café, así como de la música de Eugenia León.
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