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Autor: David Toscana

Editorial: Alfaguara

Para empezar. A mí al menos esta novela me generó muchas dudas desde el comienzo. No sabría afirmar con certeza si Evangelia (Alfaguara 2016) es propiamente una novela o el resultado de la interpretación que hace un autor de la mejor novela escrita de todos los tiempos: La Biblia.

Como en todo proceso novelístico, en Evangelia se nota el tiempo que David Toscana invirtió en realizar investigaciones seguramente arduas; también el tiempo que se tomó para reinterpretar los pasajes que a él más le llamaron la atención para fines novelísticos. Por eso mis dudas. Y de unas novelas a la fecha con David Toscana hay que andar con cuidado. He llegado a un punto en que, como lector que le sigue la pista en cada uno de sus trabajos y en su columna de los sábados en el suplemento cultural “Laberinto” del periódico Milenio, odio o admiro sus novelas.

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Si atendemos las circunstancias cronológicas, David Toscana hace mucho que dejó de ser una promesa de la literatura regiomontana, compañero de generación de un hoy olvidado Eduardo Antonio Parra, cuyas virtudes narrativas van más allá que hablar de Juárez y de ser jurado de la mayoría de los concursos de cuento, para convertirse en un autor de ligas mayores que pasa de editoriales casi caseras a editoriales transnacionales y cuya obra la podemos encontrar traducida a más de diez idiomas.

En un principio, la lectura de Evangelia me trajo ciertas reminiscencias de El Evangelio según Jesucristo (Alfaguara 1988), aunque con la narrativa de Toscana, menos soporífera y anodina que la del autor portugués. Porque si algo tiene David Toscana es un excelente sentido del humor que manifiesta a través de cada uno de sus personajes.

Me atrevería a decir que es justo este factor, el humorístico, el que equilibra y rescata las partes de Evangelia que, si se atiende a los pasajes bíblicos, habrían llegado a ser tediosas. Regreso al tema de los personajes porque si algo sabe hacer David Toscana es construirlos humanos, demasiado humanos, al punto de que en Evangelia encontramos protagonistas que hasta antes de la novela nos habían parecido congelados en el origen de los tiempos y de la creación, solemnes en su carácter religioso y dogmático, que padecen lo mismo que un ser común y corriente.

A mí juicio, de cinco novelas a la fecha David Toscana ha quedado a deber a sus lectores. Y no quiero decir que sus últimas novelas sean malas, que no lo son, hay historia, están bien construidas, pero para el lector que se acostumbró a los personajes y las historias memorables de, por ejemplo, Las bicicletas (1992), Estación Tula (1995), Historias de Lontananza (colección de cuentos, 1997), primer libro con el que lo conocí, Santa María del Circo (1998) o Duelo por Miguel Pruneda (2002), hay un antes y un después de Toscana, y es con El último lector (2005) donde su obra cambia para bien o para mal, sin duda Evangelia es una prueba contundente de ello… a final de cuentas, el lector es el que tiene la última palabra.

Óscar Garduño Nájera

Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.

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