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Autor: Irving Ramírez

Editorial: Éride ediciones

Hay que dejarlo claro: El espejo de los tiempos futuros (Éride ediciones Madrid 2015) de Irving Ramírez es una novela que, si me apresuran, bien podría marcar un antes y un después en el panorama de la literatura mexicana actual tanto por la temática que en ella se expone como por la complejidad de la misma.Dejen ustedes la perfección artística de las historias que en la novela se nos cuentan, que en realidad ninguna novela debería aspirar a ello, pues cualquier narración que sea perfecta se vuelve tediosa, soporífera, como de programa de televisión católico; dejen ustedes que esta novela es parte de una trilogía que incluye otras dos: Yo le canto al cuerpo gélido (Joaquín Mortiz 1997), con la que Irving Ramírez ganó el Premio Juan Rulfo de narrativa; Mi único sueño voluntario (Universidad del Estado de México 2001), y esta última, finalista en el Premio Herralde de Novela, que se pueden leer como una totalidad narrativa que se estructura a partir de nexos perfectamente articulados o bien de manera independiente.

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Hay que advertir que la novela de Irving Ramírez no otorga complacencias al lector, y que más bien le exige una lectura atenta para que en un momento determinado consiga enlazar las dos tramas que nos presenta, ubicadas en distintas épocas históricas, para lo cual el autor requirió de un extenso trabajo de investigación (aunque hay que aclarar que toda novela lo necesita), que se agradece y, contrario a lo que han opinado algunos, se justifica.
Una de las historias de El espejo de los tiempos futuros nos presenta un futuro desolador y sin muchas esperanzas en el que los sueños, las pasiones y las locuras han desaparecido junto con el sujeto social en sí:

“México- contesta como sin oírle- ¿Qué me dices de México? ¿Ya no existe? Tú estás lejos por eso. No sé cómo vivimos todavía si ya acabó todo. No olvido la última vez que nos vimos caminando junto al lago. Me dijiste: ‘nunca nos imaginaríamos que al crecer terminaríamos siendo lo que ahora somos'” (Pág. 33).

Tal y como nos lo podría vaticinar una atenta lectura de Émile Durkheim al determinar que todo hecho social, y en la novela se nos presentan varios que a la vez funcionan como detonantes narrativos, ocurre con una anterioridad al nacimiento del individuo en sí, por lo que son exteriores a él y responden únicamente a la injerencia que pueden tener en el presente histórico del hombre; no obstante, a falta de ese presente histórico es que Idelfonso recurre a la inmediatez del instante cuando confiesa: “El punto es que estamos aquí, y otra vez no tenemos mucho qué decirnos; o quizá sí”.
La otra historia se desarrolla durante la Edad Media, y más allá de que la temática de la búsqueda de textos en torno a un fenómeno o temática, en este caso libros sobre el Anticristo, sea ya casi lugar común en la literatura universal, Irving Ramírez sabe conducirla, ambientarla, ofrecernos personajes de carne y hueso sin restarle en ningún momento el suspence tantas veces exigido por Bashevis Singer para atrapar al lector inteligente de novelas.
Marcaré un paralelo entre dos expresiones artísticas que se complementan y diré que mientras leía El espejo de los tiempos futuros imaginaba escenas de la cinta Qué difícil es ser un dios (2013) del cineasta Aleksey German; no daré adelantos, los que hayan visto dicho filme y se den a la tarea de leer la novela verán por qué.
Una de las cualidades de la prosa de Irving Ramírez es que tiene un ritmo justo para contar historias, y esta novela no es la excepción; sin embargo, si algún defecto encuentro es el abuso del recurso de la metáfora en la prosa, quizás porque Irving también ha incursionado de manera sobresaliente en la poesía, lo cual a las primeras cien páginas puede conducir no sólo a entorpecer la lectura con una sobreadjetivación que resulta cansada sino al significado de lo que realmente se busca decir desde el otro lado de la computadora, por lo que recurrir a una economía verbal no le vendría nada mal, sin que por ello se le resten los méritos de la prosa de un narrador mexicano que, a fuerza de consentirlo, a fuerza de sacarle la lengua al establishment literario, ese que hoy por hoy no consigue destacar con ningún título, se nos ha vuelto un autor de culto, y yo celebro que así sea porque son los autores a los que hay que seguirles la pista.

Óscar Garduño Nájera
Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.
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