In Reseñas

Da lo mismo el personaje. Lo importante es lo que se consigue construir narrativamente en torno a él. Una mañana descubres que en tu sillón duerme Pedro Infante. O Carlos Fuentes. Aunque el caso parecería el mismo, Esperanza: tragedia (BlackieBooks 2012) va más allá y justifica plenamente la ficción que de entrada el autor nos propone: un buen día Kugel descubre que en el desván de su casa vive Ana Frank. Pum. Casi se cae de boca.

No hablamos de cualquier mujer. Eso nos queda claro, por lo que, de entrada el mito acerca de la mujer que murió en los campos de concentración se te deshace como polvorón entre las manos, porque al saberla en el desván también te das cuenta que no ha muerto. Chin. Tanto que le lloraste cuando en la escuela te dejaron leer su libro. Resulta que no es cierto toda aquella historia.

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De su diario se han vendido más de treinta millones de ejemplares y en algo ha servido al marketing editorial el que se le dé por muerta. Aquí la primera parte de una divertida y bien llevada tragedia en un libro donde, de hecho, la esperanza no aparece.

Sin embargo, si nuestra narración se quedara en este nivel se volvería sosa y anodina, por lo que el autor, Shalom Auslander (Nueva York 1970), de quien también podemos encontrar Lamentaciones de un prepucio (2012) en la misma editorial española, se encarga de aderezar la historia más allá de la mera aparición de Ana Frank al presentarnos de entrada el pueblo rural de Stockton, el cual no es famoso por nada: “ningún famoso había vivido allí, no había sido escenario de ninguna famosa batalla, ni origen de ningún famoso concierto”, es decir, y si se contextualiza con la historia que se sabe de Ana Frank, un pueblo sin memoria histórica, lo cual de entrada nos proporciona una paradoja de la que, estoy seguro, Chesterton habría escrito un ensayo.

El tino en la prosa de Auslander es que es antisolemne, desacraliza el discurso ortodoxo del judaísmo e incluso en la irreverencia del narrador en primera persona, Kugel, quien en ocasiones tiene cierto parecido en su temperamento al Ignatius J. Reilly de John Kennedy Toole o al Zeno Cosini de Italo Svevo, llega a cuestionarse no sólo la idea que se tiene preestablecida del Holocausto sino que además propone que éste sea olvidado… y miren que tiene sus buenos motivos.

Si a lo anterior le sumamos una madre que tiende a victimizarse históricamente por sucesos en los que ni siquiera se le vio, Esperanza: tragedia es una novela divertida, bien escrita y llena de momentos que incitan a la reflexión y a la duda, lo cual al final nos hará olvidarnos de la misma Ana Frank, justo como en algún momento lo suplica frente a ella Kugel, quien de querer sacarla de su casa, termina por ser cómplice de lo que llama vieja décrepita.

Óscar Garduño Nájera
Óscar Garduño Nájera ha escrito en las revistas Replicante, GQ México, Opera Mundi, Forbes México, Crónica 13, Cuadrivio, Molino de Letras, entre otras, así como en distintos suplementos literarios, entre los que destacan Laberinto de Milenio. Participó en la Antología de minificciones “Alebrije de palabras”, editada por la UAP, así como en la antología “Tentación de decir” editada por la UNAM. Gusta de la comida china, odia parte de la literatura mexicana del siglo XXI, a Murakami, Bolaño, Benedetti y Sabines, entre otros, y comete faltas de ortografía por convicción y no por estupidez. Su novela ha sido rechazada en tres ocasiones, su libro de cuentos en una y su libro de ensayos concursa en un premio internacional, donde seguramente tampoco ganará.
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