In Destacada, Reseñas

Autor: John Lee Anderson

Editorial: sextopiso

Ninguno de los países de la Primavera Árabe ha tenido un camino sencillo luego de que lograran derrocar a sus dictadores en turno. Por diversos medios se han explorado los inicios y las consecuencias de aquellos levantamientos. El país que más cobertura ha tenido en últimas fechas es Siria. Conocemos por los medios informativos que su situación es muy complicada. El proceso revolucionario de Egipto fue captado en The Square, documental producido por Netflix y dirigido por Jehane Noujaim. El movimiento en primera instancia luce promisorio luego de la dimisión de Hosni Mubarak, pero luego se complica con la llegada de los islamitas fundamentalistas con Mohamed Morse al poder y después con el golpe de estado de Abdelfatah Al-Sisi. También vemos a un grupo de gente que parece no estar dispuesto a deponer las armas en ningún momento. El documental Winter on fire: Ukraine’s fight for freedom sigue caminos similares a los de The Square, pero este situado en Ukrania.

image

Libia comenzó sus levantamientos en diciembre del dos mil diez, días después de que lo hicieran Egipto y Túnez. En principio, el levantamiento parecía que no iba a tener mayores consecuencias y que Muamar Gadafi seguiría intacto en el poder. John Lee Anderson se dio a la tarea de retratar lo sucedido.

En un inicio el libro parece estar construido como un diario de guerra. Cada uno de los capítulos corresponde a una fecha en específico. Inicia con el domingo 27 de febrero del 2011, cuando Anderson llega a Libia, una semana después de que iniciaran las protestas en contra de Gadafi en la ciudad de Bengasi.

A partir de aquí, Anderson da cuenta de su habilidad como periodista, ya sea para rastrear historias o personajes que le ayuden a completar un panorama de la situación y salir un poco de su visión personal del conflicto, o para documentar datos necesarios que ayuden al lector a enfrentarse con lo que está sucediendo en un país tan ajeno a la comprensión occidental. (Destaca entre estas historias la de Osama Ben Sadik, un libio con ciudadanía estadounidense que regresó a su país de origen para ayudar a la revolución. Ben Sadik pierde en el proceso a uno de sus hijos, pero esto no lo desanima ni mucho menos se arrepiente de haber regresado a Libia).

El libro continúa mostrando la situación de los enfrentamientos entre rebeldes y Gadafi, los avances de uno y otro, las ciudades que van tomando o perdiendo. Por momentos parece una especie de thriller bélico, pero son acontecimientos que el periodista vivió en carne propia. Uno de los momentos más difíciles para él fue enterarse de la muerte de unos de sus colegas periodistas (Tim Hetherington, colaborador del New Yorker), ahí uno se da cuenta del riesgo que implica cubrir nota de guerra, pues no sólo Hetherington murió cubriendo el conflicto, también murieron otros periodistas freelancers; otros colegas suyos fueron heridos y algunos más capturados por el régimen.

Lo más interesante del libro sucede una vez que Gadafi es derrotado. Anderson sigue visitando Libia de vez en vez y lo más importante, se sigue informando y documentando acerca de lo que ahí sucede. La mayoría de estos procesos dejaron de tener cobertura mediática una vez que el dictador fue derrocado. La importancia del trabajo de Anderson es que él entiende que el proceso no iba a detenerse una vez que Gadafi dejara el cargo.

Anderson nos pinta un lienzo de lo que fueron Gadafi y sus hijos, de cómo se hizo del poder, cómo lo mantuvo y de sus ideas y procedimientos, tanto al interior de Libia como al exterior de su país. Las alianzas de éste con occidente para combatir a los yihadistas, la presencia de uno de sus hijos en casa de Donald Trump y las palabras afectuosas de Hilary Clinton al mismo hijo. También ilustra el modo de vida ostentoso de Gadafi y de cada uno de sus hijos al internarse en las ruinas de algunas de las propiedades de Gadafi.

El panorama de Libia se oscurece una vez que Gadafi muere, las fuerzas revolucionarias se niegan a deponer las armas, los países de la OTAN que habían ayudado a derrocar aquel régimen (Estados Unidos, Inglaterra y Francia) se hacen a un lado y se vuelven simple observadores; los extremistas que tanto había combatido el dictador toman fuerza, los grupos tribales son atacados y se mantienen en pie de guerra, el grupo ISIS aprovecha la inestabilidad de Libia y sitúa campos de entrenamiento en aquel país, los traficantes de personas aprovechan la confusión y mandan miles de migrantes en pequeñas barcazas hacia Europa. La población civil disminuye y se vuelve temerosa. Las ciudades destruidas, la falta de servicios, un país sin intenciones de pacificarse y unas palabras de Gadafi que resuenan en muchos de sus ciudadanos: advertía que las manifestaciones revolucionarias serían aprovechadas por los extremistas y desmembrarían Libia, cosa que por desgracia, como retrata Anderson, ha sucedido.

Moisés Navarro
Moisés Navarro. Guadalajara, Jal. Escribe crónicas y ensayos. Le gusta el basquetbol y por las mañanas escucha a Bruce Springsteen.
Recommended Posts

Start typing and press Enter to search