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En otros foros he sostenido que en nuestro país vivimos una nueva era dorada en el cómic. Si bien es cierto, que no contamos con la misma cantidad de producción propia, como con la que llegamos a contar a finales de los 60’s y toda la década de los 70’s hasta los primeros años 80 en qué alcanzó a durar ese envión, también lo es, el hecho que desde entonces hasta nuestros días, no se había publicado tal cantidad de títulos en México, que no necesariamente son cómics de superhéroes.

Hoy tenemos la suerte de poder leer una enorme variedad de títulos como hace mucho tiempo no podíamos hacerlo. Desde cómics tan geniales como The Walking Dead o 30 Days of Night hasta Hellboy, pasando por mucho Manga (recordemos que en nuestro país vemos Animé prácticamente desde que se empezó a hacer en Japón allá por los 60’s).

Es decir, una enorme variedad de títulos, de tal forma que no hay bolsillo que resista poder adquirir todos los cómics que se venden en los kioscos, de tal manera que quienes tenemos esta afición, debemos saber elegir cuáles títulos vamos a adquirir, para no decepcionarnos ni sentir que tiramos nuestro dinero. No debemos olvidar que México tiene una centenaria tradición publicando historietas y, para poder documentarlo ahí está la obra de Bartra y Aurrecoechea llamada: Puros Cuentos, editado por CONACULTA y hoy casi imposible de conseguir. En dicha obra de tres tomos, se documenta la aparición de viñetas en diarios de finales del siglo XIX, hasta casi nuestros días, 1874-hasta los años noventa. Nuestro país ha sido un fiel y constante consumidor del arte secuencias de casi cualquier país. Ahí están los ejemplos de cómic europeo como Asterix, Mortadelo y Filemon o el belga Tin Tin (pronunciar tan tan), que en su momento gozaron de gran popularidad por estas tierras. De Argentina llego Quino con Mafalda y aún hoy sus reimpresiones se venden muy bien. En pleno auge de la psicodelia también tuvimos acceso a la corriente conocida como Comix Underground, cuyos principios eran romper con todo lo establecido por el famoso Cómics Code y cuyo principal exponente era Fritz The Cat, un guarrisimo gato antropomorfo con comportamientos más cercanos a Cheech and Chong mezclados con Garganta Profunda autoría de Roger Crumb. En México en cambio se publican títulos como La Famila Burron, Los Supersabios, Los Agachados, Chanoc, El Payo, Memin Pinguín (de pingo, o alguien vio alguna vez la diéresis?), Kaliman, Fantomas entre muchos, muchos otros. Era tal la cantidad y calidad de la historieta mexicana que la SEP llego a editar adaptaciones en cómic de clásicos de la literatura universal; así me toco leer en este formato a Verne, Salgari, Stoker, Dickens, Dumas entre muchos más. También se llegó a entregar un premio denominado Tlacaelel a lo mejor de la historieta mexicana cada año. De ese tamaño era la calidad de la historieta en México. De cantidad solo baste decir que tan sólo Lágrimas, Risas y Amor y, Kaliman, así como algunos números de Fantomas llegaron a tener un traje de un millón de ejemplares semanales. La envidia de cualquier editor. Ante esos números no es de extrañar que más de algún intelectual volteara con recelo a ver dicho medio. Era la época de los epítetos de Caja Idiota para la televisión y Literatura Barata para las historietas. Quien no recuerda esa famosa obra setentera de Dorfman y Mattelart llamada para leer al Pato Donald, cuyo principio básico establecía que los cómics eran otra manera que tenía el imperialismo para dominar a todos los países. Esa situación nos obligaba a aquellos que teníamos el mal gusto de leer historietas, a esconder con cierta pena nuestras inefables lecturas, so temor a ser juzgados por nuestros compañeros de avanzada, en esos incipientes años de los estudios de Sociología. Era mal visto ser de izquierda y pretender ser un intelectual si tus gustos literarios eran los de un niño, y para colmo imperialistas. Uno debía mezclar en público sus lecturas de Marx, Engels y Hegel y en privado admirar a Romita, Kirby, Neal Adams, Frank Miller o Moore.

Todo esto nos lleva a decir que en esta columna la cual espero agrade por lo menos a mi editor para que me permita aparecer junto a mejores plumas que un servidor, estaremos reseñando novelas gráficas que valgan la pena reseñar, ya que más de alguna alcanza niveles superlativos en cuanto a calidad y, no podemos negar la reciente atención que han despertado éstas al gran público, lo que ha permitido que los estudios cinematográficos y televisivos se nutran de ellas para generar filmes y series basados en sus personajes. Gran parte de esa era dorada de la televisión actual se debe precisamente a haber abrevado de esas fuentes que han nutrido de manera excepcional los temas y, mejorado la forma en que vemos televisión hoy en día. Pero no me crean, observen títulos, autores y actores y verán que aquella serie que menos pensaban o aquel director de culto que ustedes admiran ya está haciendo un trabajo basado en un personaje de los cómics o en una novela gráfica. Pregúntenle a Nolan, Lynch, Cronenberg, Singer, Mendes o Raimi y sabrán a que me refiero.

Ernesto Urzúa
Sociólogo especializado en medios. Más de 20 años de experiencia en radio. Cinéfilo escritor de reseñas, fanático de subgéneros como cine bizarro, de luchadores, terror y todo exceso visual. Melómano conductor de El Tintero en Radio UdG. Amante de los comics. Eventual comentarista deportivo y jugador de tenis. Geek.
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